martes, 20 de enero de 2015

El Semáforo Inteligente: construir un apego seguro

Fuente: Familias Inteligentes
http://www.familiasinteligentes.com

El Semáforo Inteligente es una técnica que facilita la construcción y el mantenimiento de un apego seguro. La habilidad de los padres a la hora de tomar las decisiones, a la hora de compartir decisiones con sus hijos, y a la hora de confiar en las decisiones que toman sus hijos, es la que aporta la seguridad necesaria para que los niños maduren felices. El semáforo inteligente es una técnica muy útil para muchas familias.
Cuando un bebé nace todo está en la zona de control de los padres, los padres son los que deciden. Pero llega un momento en el que el niño empieza a querer ser protagonista, en el que precisa explorar el mundo. Anhela influir sobre su entorno, sondea su diferenciación. Su identidad se asoma al aprendizaje de cómo conseguir ciertos privilegios, y cómo evitar las situaciones que no le gustan.
De forma progresiva, conforme crece el niño, se disminuye el número de veces que se decide por él. Si no, se estanca, se infantiliza, no madura. Continuamente hay que preguntarse, “esto que estoy decidiendo, ¿podría decidirlo mi hijo?”.
Se toman decisiones para enseñar a tomar decisiones. Cuando son más pequeños se toman muchas decisiones, y cuando son mayores se deberán tomar menos. La familia inteligente es aquella que diferencia tres situaciones:
ROJOCuando el adulto decide que el menor no puede tomar decisiones ya que puede poner en peligro el bienestar de alguna persona, sobre todo la suya. Es algo que no se puede tolerar ni aceptar. Es la manera de ejercer una autoridad, trabajada y con prestigio, con empatía, teniendo en cuenta la postura y la opinión del otro. Es una situación donde no cabe la negociación. Es un NO. Y los NO son innegociables.
AMARILLOCuando el adulto decide que el hijo puede tomar decisiones con unas determinadas condiciones, consensuadas por ambas partes, pero dirigidas por los padres. El control de la situación se puede y debe compartir. Tanto el adulto como el menor pueden tomar decisiones. Se lanzan compromisos a los hijos, y se confía y respeta su toma de decisiones. Es una situación negociable, donde se tiene que llegar a compromisos, con una visión cooperativa buscando que ambas partes ganen algo. Desde diferentes puntos de vista se llega a un acuerdo, de manera proporcional. Y la decisión final tiene que ser del hijo.
VERDECuando el hijo puede tomar decisiones por sí mismo. El control de la situación y la responsabilidad es totalmente del hijo. El niño toma decisiones que afectan a su proyecto de vida, no a la de sus padres. Digan lo que digan los adultos, los niños son los que deciden en último término. Los padres aprenden a acompañar, a ponerse detrás en su viaje, a estar disponibles cuando el hijo (no los padres) lo crea conveniente, a mostrar confianza cuando tiene que decidir y, muy importante, que perciba que se respeta esas decisiones.

¿Deben los niños ir a los funerales?

 Fuente: FAROS 
http://faros.hsjdbcn.org

Recientemente, una encuesta que se realiza anualmente en Gran Bretaña y que recoge las actitudes de su sociedad sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana, publicó el dato de que el 48% de los adultos cree que los niños menores de 12 años no deben asistir ni a los tanatorios ni a los funerales. Posiblemente, en nuestro país las cifras serían muy similares.
Esta creencia social está en abierta contradicción con la opinión de los expertos en psicología evolutiva y en procesos de duelo, que de forma unánime abogan por la participación de los niños en los rituales de despedida de un ser querido de su familia e, incluso, advierten que no hacerlo suele comportar consecuencias negativas para los propios niños.
Pretendemos abordar aquí este debate, describiendo los principales argumentos a favor y en contra de ambas opciones, ofreciendo nuestra opinión profesional basada en la experiencia de años de trabajo con niños en contacto con la muerte y en situaciones de trauma y crisis y proponiendo la mejor forma de implicarlos en los funerales para aquellas familias que así decidan hacerlo.

¿Por qué NO llevar a los niños a un funeral?

Los adultos que defienden que los niños no deberían asistir a los rituales funerarios de un familiar o de una amigo, suelen argumentar básicamente tres argumentos
  • Asistir a un funeral puede resultar una experiencia estresante y traumática. 
Quienes sostienen esta idea consideran que en el tanatorio y en el funeral de alguien cercano, sobre todo si se trata de una muerte inesperada y/o en una persona joven, los adultos suelen encontrarse en situación de shock y dar rienda suelta a sus emociones. Por eso mismo, los niños deberían ser protegidos de la vivencia del dolor agudo. Argumentan, además, que la visión de una persona fallecida les generará a los niños una imagen muy dura, que difícilmente olvidarán y que con seguridad les llenará de miedos y de ansiedad.
  • Los niños menores de 8 ó 10 años no entienden el significado y la irreversibilidad de la muerte. 
Por este motivo, quienes defienden esta visión argumentan que los niños no entienden el significado de los rituales mortuorios y, por ende, tampoco necesitan participar en ellos. Es mucho mejor, siguiendo esta idea, apartar a los menores del contacto con la muerte y el duelo y abordarlos más tarde, cuando el niño sea capaz de entender el significado de lo que ha ocurrido. 
  • Para poder ayudar a los niños a enfrentarse con la muerte de un ser querido, sus cuidadores principales deben estar tranquilos y serenos.
Dado que  tanto en el tanatorio como en los funerales los adultos suelen estar sobrecogidos por su propio dolor y no están en buenas condiciones para ayudar a los niños a afrontar la pérdida y el duelo. Quienes abogan por esta idea, no buscan proteger a los menores del contacto con la muerte, sino que optan por gestionar primero el dolor de los adultos y luego, en un segundo momento, atender y guiar el dolor de los niños. 

¿Por qué SÍ llevar a los niños a un funeral?

Otros adultos defienden la idea de que los niños no sólo pueden, sino que, en determinados casos, deben participar en los funerales. Entre ellos se encuentran de forma casi unánime la mayoría de profesionales de la psicología, de la psicoterapia y de la educación. Basan sus recomendaciones en los siguientes postulados:
  • Los niños están en contacto con la muerte mucho antes de lo que los adultos queremos admitir.
La tendencia de apartarlos de los procesos que rodean la muerte de la vida diaria es relativamente reciente. Antes las personas morían en casa y los niños participaban de los velatorios sin restricciones. Pero, aun con la muerte desterrada a los hospitales y tanatorios, los niños saben de ella a través de los cuentos, de la naturaleza y de la televisión. Aunque sea de forma poco racional, han visto alguna vez un pájaro muerto o se han entristecido por la muerte de la madre de Bambi en la película de Walt Disney. Por tanto, la muerte comienza a formar parte de su imaginario mucho antes de perder a un familiar. Y nos resultará relativamente fácil explicarles qué ha sucedido (ver guía “Cómo comunicar la muerte a niños menores de 8 años”).  
  • De la misma forma que los adultos, los niños necesitan los rituales para transitar por los procesos de duelo.
La pérdida de un ser querido, ya sea anunciada o inesperada, nos confronta a todos con la tristeza y pone en marcha un proceso de aceptación de lo ocurrido que se conoce como duelo. Para los adultos, poder participar de los rituales de despedida es una parte consustancial del inicio del afrontamiento y del duelo. En el caso de los niños ocurre exactamente lo mismo, con la salvedad de que necesitan ser preparados para lo que van a vivir en un tanatorio y/o funeral.
  • Aunque la finalidad de no incluir a los niños en los rituales mortuorios sea otra, los niños sienten que son apartados no ya de los actos de despedida de su ser querido, sino del seno de la familia.
Incluso muchos años después de la muerte de un familiar, muchos niños y más tarde muchos adultos recuerdan de forma dolorosa que no se les ofreció la posibilidad de participar en la despedida de su progenitor, de su hermano/a o de su abuela. Sienten lo que muchos expertos denominan la sensación de ser afectados de segundo grado o dolientes olvidados, es decir, que su tristeza y dolor es menos importante o intenso que el de los adultos. Y deducen que no son tan importantes como otros en la familia, por mucho que el hecho de apartarles por nuestra parte sea una forma de protección y para nada suponga no tenerles en cuenta. 

¿Cómo influye la edad del niño en la decisión?

La capacidad de un niño para comprender la muerte depende básicamente de dos variables: su edad cronológica y las anteriores experiencias que el niño haya tenido con la muerte. 
De forma orientativa, la idea y comprensión del hecho de la muerte transita pos las siguientes fases:

De 0 a 3 años: 

Los niños no comprenden ni el hecho de la muerte en sí ni mucho menos su irreversibilidad. Pero sí se dan cuenta de que una persona cercana (o una mascota) que habitualmente estaba con ellos, ya no está. Por este motivo es muy importante tratar de explicarles con palabras sencillas que su ser querido ha muerto y ya no volverá más. 
A esta edad, los niños comprenden realmente poco de lo que ocurre en un funeral. Además, su capacidad de atención es muy escasa todavía y lo más probable es que el niño acabe llorando, asustado y cansado y generando estrés a sus cuidadores.

De 3 a 6 años:

Los niños entienden ya que la muerte significa algo grave. Pero, en parte por su pensamiento concreto y en parte por la influencia de los cuentos, muchos creen que la muerte es reversible. Además, rodean el hecho de pensamientos mágicos y creen que lo imposible es posible. Registran cierto egocentrismo en el pensamiento, que hace que pueden aparecer pensamientos de culpabilidad. Por esto , con frecuencia atribuyen el hecho de la muerte a un enfado con la persona fallecida o a un castigo por su propio mal comportamiento.
En esta etapa, si lo explicamos bien y con palabras sencillas, los niños pueden entender que la muerte supone que el cuerpo de la persona fallecida ya no podía funcionar y que por eso se ha muerto. Dado su dificultad en entender que la persona no va a volver, hay que ser especialmente cuidadoso en la forma en que comunicamos la noticia de la muerte al niño y evitar a toda costa expresiones ambiguas que pueda malinterpretar o entender de forma literal como hemos perdido a la tía Luisa o la abuela se ha ido.
Aconsejamos permitirles a los niños escoger si quieren o no asistir junto a nosotros al tanatorio para despedirse de su familiar o amigo y hacerlo en un entorno de calma y  cierta intimidad. Y pensamos que la forma más apropiada de hacer partícipe a un niño de estas edades en los rituales mortuorios es acompañarlo al tanatorio, responder a sus preguntas, permitirle ver lo que desee ver, pero todo ello en la intimidad de un grupo de familiares reducido y no en el día de un funeral con muchas personas, bastantes de ellas desconocidas para el niño.

De 6 a 9 años:


Se da una comprensión gradual y cada vez más exacta del carácter irreversible y definitivo de la muerte. El nivel de razonamiento es ya lo suficientemente maduro como para poder establecer una relación de causa y efecto entre la enfermedad y la muerte.
A esta edad, los niños suelen mostrar inquietud acerca de dos cuestiones fundamentales. La primera es que al entender lo irreversible de la muerte, toman consciencia de que sus padres y/o cuidadores principales también podrían fallecer y suelen formular preguntas muy concretas acerca de quién y cómo les cuidaría en tal eventualidad. La segunda preocupación gira entorno a la diferencia entre las enfermedades comunes, como un constipado, y aquéllas que conducen a la muerte. Será muy importante poder hablar con los niños sobre estos aspectos y ofrecerles respuestas honestas y tranquilizadoras a la vez.
Si se les ofrece la oportunidad, los niños de esta edad raramente rechazan asistir a un tanatorio y/o funeral. Es importante informarles de qué se va a hacer allí y cuándo. Cada niño suele encontrar la forma en que desea despedirse de la persona que ha muerto. Les ayudará poder participar de alguna manera en los rituales: muchos niños eligen hacer un dibujo o introducir un juguete en el féretro.

Más de 9 años:

La conceptualización de la muerte es la misma que la de los adultos. La forma de informarles acerca de lo ocurrido también suele ser muy similar a la que usamos con otros adultos. Sólo hay que estar especialmente atento al desconcierto que la muerte de un familiar o de un amigo le produce a un niño de estas edades. Suele preguntarse qué es lo correcto y que sería lo incorrecto. Carece de modelos acerca de cómo conducirse y cómo expresar sus sentimientos. Por ello, es especialmente importante asegurar al niño y al adolescente que no hay una forma correcta y otra incorrecta de comportarse ni de sentir la pérdida. Es crucial explicarle que no importa si llora o no llora: muchas personas lloramos con lágrimas, pero otras lloramos sin lágrimas, incluso, algunas, están de mal humor. Y que la cantidad de lágrimas que se vierten no es una medida del cariño que sentíamos por el difunto. 
Seguramente, querrá participar de todos los rituales como los adultos. Aunque la opción es correcta, no debemos  olvidar que si es la primera vez que asiste a un tanatorio o funeral, también necesita ser preparado. Necesita saber qué se hará, cuándo se hará y quiénes se reunirán para estos rituales. 

¿Cuál es la mejor decisión?

La mejor decisión dependerá en cada caso de la edad del niño y de implicarle en tomar por sí mismo esa decisión. Pero, para poder hacerlo, el niño deberá contar con la información necesaria, explicada de forma clara, concreta y directa. 
Esto significa que debemos explicarle la muerte de su ser querido cuanto antes, siguiendo las pautas para la comunicación de la muerte de un ser querido. Esto es especialmente importante para dos motivos:
  • Para que sienta que es incluido en el núcleo familiar desde el primer momento y que alguien cercano a él se pone en su lugar y trata de hacerle comprensible los cambios y la inquietud que nota a su alrededor. Esto es válido incluso para los bebés y niños menores de 3 años, que no podrán acabar de entender el alcance de lo que les estamos contando, pero percibirán nuestra tristeza y nuestro acercamiento. 
  • Para que pueda elegir cómo quiere despedirse y en qué momento desea estar con los adultos o, por el contrario, necesita un respiro y prefiere retornar a sus actividades rutinarias con otros niños. 

¿Cómo preparar a los niños para asistir al tanatorio y/o funeral?

La preparación de un niño para asistir al tanatorio o a un funeral debe componerse de cinco pasos fundamentales:

1.Comunicación de la muerte

No espere demasiado en darle a su hijo/a la noticia del fallecimiento: en la actualidad la información de un fallecimiento se difunde con una inmediatez asombrosa, debido al uso de las redes sociales y  los teléfonos móviles. Por comprensible que sea que Usted necesite unos momentos para asimilar la noticia y prepararse para transmitirla a sus hijos con serenidad y en la debida forma, piense que con cada 5 minutos que pasan aumenta la probabilidad de que el niño oiga de la muerte de su familiar por comentarios telefónicos o por el bienintencionado pésame de una vecina, que llega a destiempo, antes de que hayan hablado con él. 
Aquí puede consultar una guía de cómo comunicar la muerte de un ser querido a los niños de distintas edades.

2.Procesamiento de la noticia

Reaccione como reaccione, el niño al que acaban de comunicar la muerte de alguien cercano necesita un tiempo para asimilar y procesar lo que le acaban de decir. Puede ser que quiera jugar, para olvidar lo que ha oído, puede que necesite dibujar, hablar, preguntar o … llorar.
Es importante que como adultos que hacemos la comunicación dispongamos de cierto tiempo y de un poco de tranquilidad para estar disponibles. 

3.Decisión sobre el tanatorio y/o funeral

Habitualmente, cuando en una familia ocurre una muerte, se produce una incertidumbre inicial, más o menos aguda y dolorosa en función de si la muerte ha sido anunciada o inesperada. 
Tras estos momentos de shock y de duda, hay que solventar una serie de trámites y se comienzan a preparar los rituales funerarios. Los adultos de la familia suelen estar muy atareados (llamadas, gestiones, visitas…)  Por ello, es importante que durante este periodo de transición, entre el impacto de la noticia de la muerte y la despedida más social de nuestro ser querido, también pensemos en los niños quienes necesitan cierta normalidad como poder jugar, ir a ver a sus vecinos o cualquier otra actividad que les conecte con su vida anterior a la pérdida. 
No obstante, a partir de los 4 ó 5 años los niños no querrán separarse de sus padres y otros adultos importantes. Una forma muy buena de conciliar ambas realidades es dejar a los niños en casa, aunque sea al cuidado de un familiar cercano, e informarles de qué estamos haciendo y cuándo vamos a volver. Proceder así les da mucha seguridad: están en su casa y la vida continua. Por poco que sea posible será importante que al menos uno de los progenitores esté presente a la hora de los baños y la cena. Para los niños, que temen poder perder a otro de sus cuidadores, romper lo menos posible con sus rutinas es altamente tranquilizador.
Cuando ya se sepan los horarios del tanatorio y del funeral, y en la tranquilidad del hogar, le explicaremos al niño todo lo que necesita saber para elegir si quiere asistir al tanatorio, al funeral, a ambos o a ninguno de esos rituales. 

4.Asistencia a los rituales de despedida o actividad sustitutoria

Tenemos tres posibles escenarios:
1) Nuestro hijo ha elegido ir:
Para los niños menores de 8 años es más comprensible despedirse en el tanatorio y llevar un dibujo o un juguete como muestra de cariño y respeto. Algunos niños elegirán no ver a la persona difunta. Otros  querrán verla, cosa que deberíamos permitir explicando bien lo que van a ver: la abuela parece dormida, pero no está dormida. Su cuerpo ya no funcionaba bien y ahora vamos a decirle adiós.
Elegiremos un momento de intimidad en el tanatorio: a los niños no les afecta ver a un adulto llorar, pero sí les asustan las muestras muy expresivas de dolor como los gritos y las estridencias.
Acompañaremos al niño en todo momento, responderemos a sus preguntas, estaremos atentos a todo lo que expresa y captaremos cuándo ha llegado el momento de marchar. Habitualmente los niños no desean permanecer mucho tiempo en el tanatorio, porque ya hemos dicho adiós. 
Los niños mayores de 8 años suelen elegir asistir al tanatorio y al funeral. Les advertiremos que en el funeral hay mucha gente, que son todos los que querían mucho a la persona fallecida y todos sus amigos. 
También a esta edad acompañaremos al niño, responderemos a  sus preguntas y captaremos las señales, dándole la oportunidad, si quiere,  de contactar con otros iguales o con personas a las que le apetezca saludar. 
2) Nuestro hijo ha elegido no ir:
No sólo respetaremos su decisión, sino que pondremos especial cuidado en que ningún familiar le haga sentir mal por no querer asistir al tanatorio o al funeral. 
Pasados unos días, por si su negativa tuviera un punto de negación de la realidad de la pérdida, le acompañaremos al cementerio o al lugar dónde estén las cenizas de nuestro familiar fallecido. Le explicaremos que podemos recordarlo en cualquier sitio,  acordándonos de cosas que hemos hecho con él/ella o viendo fotos. Pero que a veces también vamos a su tumba a llevarle flores o un dibujo y recordarle mostrando nuestro cariño en el sitio en el que su cuerpo que ya no funcionaba. 
3) Tenemos varios hijos: unos quieren ir, otros no:
Conceptualmente, la solución es simple: el niño que quiere ir, va; el que no, no. Esto a veces presenta algunas dificultades de organización, pero es importante respetar la voluntad de cada uno de ellos.
Pasados unos días, procederemos como en el caso anterior: iremos con todos al cementerio o al lugar dónde se han esparcido las cenizas para presentar nuestros respetos.

5.Retorno a la rutina cotidiana y tareas del duelo  

El funeral marca el final del periodo de excepción que comenzó con la noticia de la muerte de nuestro familiar y el retorno a la vida cotidiana. Ese momento suele ser doloroso, porque se vuelve a la normalidad, sí, pero sin la persona que ha fallecido. Muchas cosas, muchos lugares, algunas fechas nos recuerdan su ausencia. A este proceso de aceptación de la pérdida se le denominaba antes proceso de duelo, concepto que se ha ido sustituyendo por el de tareas del duelo, indicando una serie de acciones concretas que hay que ir resolviendo.
Describir esas tareas excede el marco de este artículo, pero es importante entender que los niños necesitan hacer las mismas tareas de aceptación por la ausencia de su ser querido que nosotros, los adultos, aunque a un ritmo más rápido.

jueves, 8 de enero de 2015

Programa: Primera Alianza, mejorando los vínculos tempranos


Programa de la Universidad Pontificia de Comillas
Fuente: http://www.primeraalianza.com/index.php


Primera Alianza es un programa preventivo orientado a fortalecer y/o reparar el vínculo afectivo entre niños de 1 a 6 años y sus cuidadores primarios. La primera relación significativa con el otro es un espacio donde se gestionan tempranamente dinámicas de riesgo y de protección que van a tener una influencia muy importante sobre el desarrollo del individuo. El niño que crece en un entorno donde las capacidades básicas de crianza están activas en los padres, es un niño con más oportunidades para experimentar su mundo como un lugar seguro, amable y predecible. Esta experiencia es una de las condiciones básicas para funcionar con eficacia en el mundo social y en las relaciones afectivas que se dan durante el resto de la vida.
Nuestro objetivo fundamental se desglosa en dos objetivos específicos: mejorar la interacción y mejorar las representaciones.

Primera Alianza se basa en el convencimiento de que la transmisión intergeneracional del riesgo social, así como de la resiliencia, se produce desde primeros los momentos de la vida de los individuos, y dentro de un escenario específico: la relación temprana con los cuidadores.

Primera Alianza construye una parte muy importante de la intervención sobre los recursos con los que cuentan los cuidadores para establecer una vinculación favorable con sus hijos. Todos los padres, a pesar de la vulnerabilidad y las dificultades, cuentan con fortalezas que les ayudan a ligarse emocionalmente con sus niños, comprenderlos y gestionar adecuadamente algunos de los problemas de la crianza. En muchas ocasiones, estas capacidades han quedado inhibidas por un conjunto de circunstancias adversas, u olvidadas como consecuencia del estrés, la indefensión, etc. Una parte fundamental de nuestro trabajo y de nuestra metodología está pensada para reconectar a las personas con sus fortalezas.

En Primera Alianza, los procesos de cambio se producen mediante experiencias de carácter emocional y reflexivo, desarrolladas durante la intervención y en el seno de un grupo que las facilita. Esto diferencia a Primera Alianza de los modelos clásicos de educación parental basados en la instrucción y en la teoría. Lejos de formar a los cuidadores en las “mejores” formas de ejercer la parentalidad, nuestro programa trata de facilitar dinámicas de autoobservación, experiencias emocionales de carácter correctivo y procesos grupales que fomentan transformaciones más íntimas y duraderas de la relación padres-hijo. El trabajo de los beneficiarios, sesión a sesión, consiste en observarse funcionando como padres y en reexperimentar, dentro de un entorno seguro, algunas de las emociones más difíciles asociadas al ejercicio de la parentalidad. Una relación más sana y más segura emerge de forma natural sobre la base de estos procesos vivenciales.

Primera Alianza es un programa de intervención grupal. Alrededor de seis o siete cuidadores componen el grupo sobre el que se interviene.
El grupo es conceptualizado en este programa como una de las herramientas terapéuticas fundamentales.
¿Qué convierte al grupo en una herramienta para facilitar el cambio?
bulletEn el grupo se dan con facilidad procesos de apoyo recíproco entre padres y madres. Esto favorece una experiencia de empoderamiento en ellos, así como el inicio de dinámicas de ayuda que pueden continuarse fuera de las sesiones y una vez terminado el programa.
bulletEn el grupo se producen procesos de modelado e intercambio de información entre cuidadores. Son los padres los que instruyen a otros padres, consultan dudas, se confrontan o se elogian. De esta forma, la intervención adquiere un formato horizontal, que aumenta la apertura al cambio.
bulletEl grupo contiene y regula muchas de las emociones intensas, intolerables o avergonzantes que los padres pueden experimentar en relación a la crianza de sus hijos. Al trabajarse los afectos en el seno de un grupo donde todos los miembros comparten una experiencia común, la influencia de dichas emociones sobre el menor queda minimizada.

El paradigma en que se basa Primera Alianza es la Teoría del Apego (Bowlby, 1969). Algunos de los principios básicos de este modelo, adaptados para una población amplia y no especializada, organizan el contenido de las sesiones de intervención. El visionado y la discusión de los extractos de vídeo se realizan siempre en el marco de conceptos básicos que nos ayudan a entender la primera relación, sus procesos, las dificultades que pueden surgir y, sobre todo, lo que el niño necesita.
Algunos de los principios que se usan con más frecuencia en las sesiones de Primera Alianza son:
bulletLas dos necesidades básicas del niño en el vínculo temprano: apego y exploración. El niño necesita apoyarse en uno o más cuidadores que regulen sus estados internos, que le ayuden a organizar su experiencia y que lo acojan en los momentos en los que necesita consuelo, protección, seguridad, etc. Asimismo, el niño necesita desarrollar sus capacidades de movimiento autónomo, de comprensión e interacción con el mundo físico y social; para ello, el niño necesita explorar.
bulletEl cuidador como refugio seguro. Para que las necesidades de apego sean satisfechas, el cuidador debe actuar a modo de refugio seguro: ofreciendo al niño espacios de consuelo, de protección, organizando las experiencias intensas del niño, regulando sus emociones, etc. El cuidador es alguien a quien volver cuando uno se encuentra mal. Para ello el cuidador debe estar disponible, comprender los estados internos del niño, y disfrutar de la intimidad con él.
bulletEl cuidador como base segura para la exploración. El niño sólo verá satisfecha su necesidad de explorar si el cuidador permanece disponible durante las dinámicas de exploración, si guía dicha exploración cuando hace falta, la estimula, la facilita y, mediante su supervisión, la convierte en algo seguro. Para ello, el cuidador debe comprender esta necesidad que tiene el niño de estar en contacto “a distancia”, y tolerar bien la separación con respecto al niño.

 Más información sobre el programa en su web: http://www.primeraalianza.com/index.php



viernes, 26 de diciembre de 2014

Infancia Rota

Documentos TV




Documental digno de ser emitido una y otra vez. Premio del Festival de Nueva York al "Mejor reportaje de investigación".
"Infancia rota" desvela mas de 4.000 casos de abusos a menores y en donde se denuncia un fenomeno social, tabú, del cual
se conoce tan sólo el 58% de los abusos que se producen, según la organización Save the Children.


En España el 23 por ciento de las niñas, así como el 17 por ciento de los niños menores de 18 años, han sufrido alguna vez
abusos sexuales. Los agresores pertenecen, en el 75 por ciento de los casos, a su entorno más cercano. En el 46% de los casos
se repiten más de una vez sobre la misma víctima. Y éstas tardan una media de tres a cinco años en denunciar los hechos.


"Infancia rota" desentrañará el complejo mapa de sentimientos que experimentan las víctimas. Los expertos aseguran que la única forma de prevenir los abusos sexuales es darlos a conocer. Muchos hablarán por primera vez de algo que silenciaron de pequeños.

El documental no sólo se sumergirá en sus sentimientos y recuerdos, sino que será testigo de su proceso de recuperación.

jueves, 27 de noviembre de 2014

FORMACIÓN

Seminario de D. Gianmarco Manfrida sobre "Fragilidad de la Realidad y Poder de la Narrativa: ¿Por qué y cuándo una historia es terapéutica? El Modelo de las Realidades Compartidas"

 

El Instituto Alicantino de la Familia celebrará, el miércoles 03 de diciembre en sus instalaciones, un seminario sobre la narrativa en las intervenciones terapéuticas con una ponencia a cargo del conocido médico psicoterapeuta D. Gianmarco Manfrida con el título: Fragilidad de la Realidad y Poder de la Narrativa: ¿Por qué y cuándo una historia es terapéutica? El Modelo de las Realidades Compartidas.

Según el modelo de las Realidades Compartidas, que busca su inspiración desde un enfoque socio-construccionista y en particular de la obra de los sociólogos Berger y Luckmann, una historia para ser terapéutica necesita tener tres características:
  • Ser PLAUSIBLE, o sea susceptible de ser compartida por el cliente y otras personas significativas.
  • Ser CONVINCENTE, promovida por el terapeuta con técnicas adecuadas para subvertir en el plano lógico y en el emocional las anteriores opiniones.
  • Ser ESTETICAMENTE VALIDA, tal que implique a las personas haciendo más variada y emocionante su vida cotidiana.
Estas tres características serán ilustradas en el seminario por medio de un examen detallado de intervenciones terapéuticas, con específica atención a los elementos persuasivos de la nueva historia: las técnicas retóricas tradicionales serán integradas con estudios de psicología social y con estrategias persuasivas empleadas cada día en el comercio, la publicidad y la política.
La actividad está dirigida a profesionales del ámbito terapéutico (psicólogos, psiquiatras, médicos, trabajadores sociales y otras profesiones afines).

La asistencia es gratuita y el aforo limitado. Pueden inscribirse rellenado el formulario electrónico o llamando al 965 93 93 91 (Atención telefónica de 9h a 15h)

Programa del seminario
Formulario de inscripción (Plazo de inscripción abierto el 24 de noviembre)


D. Gianmarco Manfrida
Licenciado en Medicina, en Psicología y en Sociología; psiquiatra y psicoterapeuta.
Ha trabajado como jefe de psiquiatría en los servicios públicos de Florencia; ha enseñado Psicoterapia Relacional Sistémica en las Universidades de Florencia y de Siena.
A partir de 1988, Director del Centro Studi e Applicazione della Psicologia Relazionale de Prato, escuela de formación en psicoterapia reconocida por el Estado italiano.
A partir de 2010 Presidente de la Sociedad Italiana de Psicología y Psicoterapia Relacional. Socio de AFTA (American Family Therpy Academy) y de EFTA (European Family Therapy Association).  
Ha escrito tres libros y más de cien artículos, muchos de los cuales publicados en inglés y en castellano; participa en seminarios y escribe artículos en italiano, inglés, francés y español, en Italia y en el extranjero.

Bibliografìa:
Gianmarco Manfrida,  “Plausible, Convincing and Appealing: Characteristics and Development of Therapeutic Stories in a Shared Reality Approach” , Journal of Systemic Therapies, 30, 2, 2011
Gianmarco Manfrida, “La narrazione psicoterapeutica: invenzione, persuasione e tecniche retoriche in terapia relazionale”, Angeli, Milano, 1998
Gianmarco Manfrida, “Gli sms in psicoterapia”, Antigone, Torino, 2010
Gianmarco Manfrida, Erica Eisenberg, “Scripta…Volant! Uso y utilidad de los mensajes SMS en Psicoterapia”, Redes, 20, 2009
Gianmarco Manfrida, “La concienciación sobre las cuestiones de genero están suficientemente representadas en la practica de la terapia familiar? En la formación? En las organizaciones de terapeutas? En las instituciones desde y para las que intervenimos?” Mosaico, 49, 2011, 80-82
Gianmarco Manfrida, “Artusi, la nueva cocina y la psicoterapia: tradición, innovación y moda en la terapia relacional”, Redes, 21, 2009
Gianmarco Manfrida, Valentina Albertini, Simona Gagliardi, Valentina Pancallo, Las características, el tiempo y los personajes en las historias terapéuticas: una análisis cualitativa de las restituciones en el modelo de las Realidades Compartidas, Redes, en publicación.

Fuente: http://www.iaf-alicante.es/newsletter/noticias/240/

 

PRESENTACIÓN Manual de Terapia Sistémica


lunes, 20 de octubre de 2014

Superdotados Emocionales

Os dejo una preciosa reflexión de Jesús Jarque, psicólogo y orientador que comparte sus artículos y materiales. En esta ocasión nos habla de los "superdotados emocionales", aquellos niños (y adultos!) que son más sensibles a las emociones propias y de los demás. He trabajado (y trabajo) este tema con grupos de niños y con familias, con el objetivo de que entre todos fomentemos la identificación y gestión de emociones, sin duda necesarias para ser más felices. Os animo a leerlo y reflexionar sobre ello, ¿cómo favorecemos que nuestros niños (y nosotros) estén sanos emocionalmente?

Cómo son los superdotados emocionales

Me voy a referir principalmente a la edad de Educación Infantil y Primaria, porque llaman más la atención, y al trabajar en un colegio como orientador,son los que me resultan más interesantes,  aunque  por supuesto hay adultos con estas características.
En el colegio en el que trabajo, tengo identificadas a varias niñas, porque de momento he visto que son niñas preferentemente, y tienen alguna de estas características:

1. Empatía

En primer lugar, se trata de niños con capacidad de empatía: de conectar y entender a los otros, incluso a la propia maestra. La empatía es poco frecuente en nuestra sociedad, por eso, descubrirla en niños, sorprende aún más.
Son los niños que lloran con los niños, que se preocupan especialmente por lo que le ha sucedido a otro de su clase, que espontáneamente consuelan a los demás, que le pregunta a la maestra cómo está, que se acuerdan y preguntan por algún problema que se haya comentado con antelación, que cuando has estado enfermo te preguntan si estás mejor…
Esa misma empatía, la suelen demostrar no solo con las personas; tienen también una especial sensibilidad con las mascotas y otros animales. 

2. Captan las necesidades de los demás

Lo que más me sorprende de los superdotados emocionales es la habilidad para captar las necesidades de los demás. Tienen un don especial además, para captarlas o en los niños y niñas con necesidades especiales, NEE.
Normalmente se preocupan de una forma especial de las necesidades de estos niños: aunque estos no tengan lenguaje, saben comunicarse con ellos, avisan si necesitan ir al baño, si les ocurre algo… están pendientes de que el niño o niña con necesidades esté atendido, sea tenido en cuenta… se convierten en una especie de “ángel de la guarda de estos niños”.
Pero lo mismo que ocurre con los niños con NEE, puede ser con un niño extranjero que no habla la lengua, con alguien que se incorpora nuevo…
Tienen esa cualidad excepcional en un niño, en una etapa muy egocéntrica, de estar pendiente de lo que necesitan los demás.

3. Tolerancia a la frustración

Los superdotados emocionales demuestran una buena capacidad de tolerancia a la frustración. No suelen reaccionar con resignación, sino con capacidad de volver a intentarlo, de superarse, incluso con una actitud optimista y positiva frente a las dificultades.
Muchos papás y mamás con hijos superdotados emocionales, os habréis sorprendido de que sean vuestros propios hijos los que os den palabras de ánimo y aliento ante una adversidad o frustración.

4. Expresar emociones

Los superdotados emocionales han desarrollado un buen vocabulario emocional, es decir, son capaces de nombrar sus propias emociones, incluso la de los demás, pero además lo hacen con una terminología inusual para su edad: tristeza, pena, melancolía, alegría, preocupación, agobio, enfado, bienestar…
No les cuesta expresar sus emociones y sentimientos a los demás: decir “te quiero mucho“; “me has enfadado“; “eso no me gusta“; “me encanta hacer esto o lo otro“…
Además, han desarrollado una buena capacidad para entender el origen de sus emociones: por qué estoy triste, alegre, enfadada…

5. Lectura positiva

Suelen hacer una lectura positiva de la realidad: se entusiasman con cualquier cosa, les gusta probar cosas nuevas, disfrutan del día a día y de las pequeñas cosas…

6. Contagian felicidad

En el fondo, los superdotados emocionales son niños y niñas que consiguen algo maravilloso: SON FELICES y suelen contagiar felicidad a su alrededor.
Seguro que dejo otras características de estos niños y personas, autocontrol, habilidades sociales, autoestima… pero las que he nombrado son las que más me llaman la atención.

Necesitamos a los superdotados emocionales

Los superdotados emocionales quizás no alcancen a estudiar y dedicarse a las profesiones que nuestra cultura occidental ha colocado en el primer puesto del ranking del éxito, como son las científico-tecnológicas.
Pero los superdotados emocionales son imprescindibles si queremos que nuestra especie sobreviva, porque ellos conseguirán hacer un mundo más HUMANO.

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